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Mejorando la escritura / Técnicas y sugerencias

El comienzo de una novela y, sobre todo, sus primeros párrafos, son fundamentales para determinar si la obra fracasará o si, por el contrario, caben opciones de que tenga éxito. Evidentemente, un buen inicio no lo es todo, y una novela que empiece con muy buen pie puede defraudarnos en su desarrollo al no ser capaz de engancharnos y de mantener nuestra ilusión. Sin embargo, si en su inicio es floja, habrá firmado directamente su sentencia de muerte, por mucho que se crezca después durante su progreso. Por lo tanto, si lo que queremos es que nuestra obra tenga éxito y que sea leída hasta el final, asegurarnos escribir un buen inicio es asegurarnos recorrer la mitad del camino. Una editorial no va a apostar nunca por una novela que no ofrezca ciertas garantías, y en este sentido, cuando debe decidir si publicar un libro o no, valora siempre muy positivamente, entre otros aspectos,  un inicio potente.

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El inicio es lo primero que el lector va a encontrarse cuando abra nuestra novela, y es la única oportunidad que vamos a tener para convencerle de que no la cierre. Como todo momento importante, es un momento breve; si no lo aprovechamos cuando toca, lo habremos perdido para siempre.

El inicio debe ser un anzuelo que, con una promesa, enganche al lector, lo seduzca y lo enamore. Debe ser un comienzo atractivo, cautivador e impactante, que introduzca lo más rápido posible la atmósfera de lo que vendrá y que, con una dosis de misterio, actúe como tentadora invitación al deleite y como garantía de que va a valer la pena seguir avanzando en la lectura.

La duración del inicio es algo muy personal. Pueden ser dos párrafos, dos páginas o dos capítulos. Lo importante es saber que, cuanto más se estire ese texto introductorio, más difícil nos resultará mantener la atención del lector y menores serán las posibilidades que tendremos de capturar su interés.

¿Qué forma darle a nuestro inicio? ¿Cómo idearlo? Hay muchísimas maneras de enfocar una novela y de desarrollar nuestro inicio para ella, y todas son efectivas a su manera e igual de válidas.  Podemos plasmar una misma realidad de varias formas según cómo la percibamos, y una forma no será ni mejor ni peor que la otra; será, simplemente, más fiel a la imagen que tenemos de lo que contamos.  No es lo mismo contar una vida o autobiografía de principio a fin que hacerlo a través de flashbacks ordenados o desordenados que se tienen al final de la misma. Titanic hubiera sido una película muy distinta si no hubiese sido contada por esa abuela que fue, ficticiamente, protagonista directa del hundimiento del transatlántico. O aunque sí hubiese sido contada por ella, hubiera sido muy distinto si la abuela en sí solamente hubiera aparecido al final, porque hubiésemos visto toda la película sufriendo por si la joven Rose moriría, sin saber hasta última hora que efectivamente había sobrevivido y que en realidad todo había sido un relato de la misma ya crecida y hecha anciana.

Como comentaba, existen muchas formas de comenzar una novela, y ahora hablaré de las tres más conocidas.

>El inicio prologado

No se trata, evidentemente, del prólogo. Como todos sabemos, el prólogo de una novela es un escrito preliminar al inicio del libro que sirve de introducción a su temática y que puntualiza algunos aspectos que el autor ha considerado que el lector debería conocer antes de iniciar la lectura de la novela.

Pues bien, un inicio prologado no es un escrito preliminar al inicio del libro sino que es el inicio mismo del libro y forma parte ya de su argumento.

El inicio prologado es una escena o breve historia que se cuenta antes de pasar a relatar la historia principal y que aunque no tiene necesariamente que ocurrir en la misma línea temporal en que se desarrolla la novela, sí influye siempre en su desenlace o en la forma en cómo el lector va a percibirlo. Entre sus capacidades destaca el poder introducir la ambientación general de la obra y establecer el género al que pertenece, la era en la que se inscribe su historia o la identidad de su protagonista. Por otro lado, puede introducir personajes o eventos que instigarán en la trama en un futuro pero que, por el momento, no se relacionan con el protagonista. Finalmente, tiene la capacidad de poder narrar alguna escena que no incluya al protagonista pero que servirá de soporte para más adelante comprender alguna otra situación que sí se relacione con él.

>el inicio in media res

En medio de las cosas, o  in media res en latín. El nombre lo dice todo. Se trata de empezar la novela con un inicio que aborde la historia que se va a contar desde cualquier punto del medio que sea interesante. Luego, a modo de flashback, se vuelve la vista para atrás y se presenta al lector la parte de la historia previa al momento en que se ha empezado la narración. Una vez alcanzado este punto de nuevo, se puede proseguir hacia el futuro. Perfecta muestra de esa estrategia, por ejemplo, la vemos  en la conocida novela de García Márquez Cien años de soledad.

Lo verdaderamente importante al usar el inicio in media res es que la escena de la que se parta sea verdaderamente interesante. Se supone que, si en vez de contar la historia de forma cronológica, el autor ha decidido saltar directamente a un punto futuro de ella, esto es porque ese punto es, como mínimo, sustancioso, llamativo e interesante. Luego, el poder de ese inicio se encarga del resto: al vivir la emoción de esta primera situación relatada, el lector no puede evitar engancharse a la lectura una vez que se le presenta el flashback, puesto que tiene curiosidad por saber qué tipo de acontecimientos fueron los que se sucedieron y que provocaron que la historia desembocara a tan palpitante momento.

>el inicio de la historia dentro de otra historia

Se trata, en este caso, de empezar la novela ubicando a un narrador que, desde un tiempo y un lugar concreto, relata otra historia ya sucedida en otro tiempo y otro lugar distintos. Al igual que en la novela empezada con el inicio in media res, en este tipo de novela la historia se cuenta al lector a través de flashbacks, pero, a diferencia del inicio in media res, el inicio de la historia dentro de la historia no empieza por la mitad de la historia sino mucho tiempo después de que esta historia haya ya finalizado. Me he valido más arriba del ejemplo de Titanic. Pues bien, Titanic usa ese tipo de inicio: empieza con la excursión de unos investigadores que buscan un valioso collar que supuestamente se hundió con el barco.  Sin embargo, en vez de eso encuentran un dibujo de una joven que lleva puesto el collar y, al emitirlo en televisión, Rose, aquella joven ya anciana, decide ponerse en contacto con ellos, como testimonio directo del hundimiento del transatlántico,  y contarles así  la historia tal como la vivió ella.

Como ventaja, este tipo de inicio permite ir haciendo pausas en el relato de la historia interna para alternarlo con el relato de la historia actual o externa. Como desventajas, hay que destacar la pérdida de intriga que puede conllevar cuando la historia interna está protagonizada por el mismo personaje que la cuenta (puesto que, por ejemplo, el lector ya sabe con anticipo que, pase por el tipo de duras circunstancias que pase o arriesgue su vida las veces que la arriesgue, seguirá con vida). Se puede decir, por tanto, que la tensión que genera en estos casos la historia contada se relaja muchísimo, y en este sentido resulta importantísimo suplir esa carencia intensificando los detalles subjetivos de la narración, es decir, subordinar el relato no tanto a la historia tal y como sucedió —porque el lector ya conoce o anticipa parte del final de esa historia— sino a la historia tal y como se percibe.

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